Cero accidentes: cuando el indicador se vuelve más importante que la verdad

¿Cero accidentes o cero honestidad? Analizamos cómo la obsesión por los indicadores perfectos puede generar subregistro, miedo a reportar y una falsa sensación de seguridad. La verdadera prevención comienza cuando la transparencia vale más que el tablero en verde.

Dr. Christian Quiñones

5/31/20264 min read

Durante las últimas semanas del mes ocurre algo curioso en muchas organizaciones.

Los tableros empiezan a verse impecables. Los indicadores permanecen en verde. Las juntas transcurren sin sobresaltos. Los reportes muestran que todo está bajo control.

Y entonces aparece la frase que parece resumir el éxito del sistema:

"Seguimos en cero accidentes."

A simple vista parece una excelente noticia.

Pero en Salud y Seguridad Ocupacional existe una pregunta mucho más importante que el número que aparece en el tablero:

¿Realmente estamos trabajando de forma segura o simplemente estamos contando mejor la historia?

El problema nunca fue el cero

La idea de cero accidentes tiene un origen noble.

Ningún trabajador debería lesionarse por realizar su trabajo. Nadie debería perder una extremidad, sufrir una discapacidad permanente o perder la vida por acudir a una empresa que presume cuidar a su gente.

Como aspiración moral, el concepto es difícil de cuestionar.

El problema aparece cuando el objetivo deja de ser una visión y se convierte en un indicador de desempeño.

En ese momento cambian los incentivos.

Y cuando cambian los incentivos, cambia el comportamiento.

Lo que sucede cuando el indicador se vuelve sagrado

Las organizaciones rara vez salen a ocultar accidentes de forma deliberada.

Normalmente ocurre algo mucho más sutil.

Empiezan las reinterpretaciones.

Un golpe se convierte en una molestia.

Una lesión se convierte en una observación.

Un accidente registrable se convierte en un incidente menor.

Un caso con tiempo perdido se convierte en una incapacidad por enfermedad general.

Un reporte incómodo simplemente nunca se documenta.

Nadie lo ordenó explícitamente.

Pero todos entienden el mensaje:

Mantener el indicador es más importante que comprender el problema.

Y así comienza el deterioro de la cultura de seguridad.

La paradoja de la seguridad

Las organizaciones más seguras no necesariamente son las que reportan menos eventos.

Con frecuencia ocurre exactamente lo contrario.

Las empresas con culturas maduras suelen reportar:

  • Más cuasi accidentes.

  • Más observaciones de riesgo.

  • Más condiciones inseguras.

  • Más actos inseguros.

  • Más hallazgos operativos.

¿Por qué?

Porque la gente no tiene miedo de hablar.

Porque entienden que reportar no es fracasar.

Es aprender.

Cuando una organización reporta muy poco, existen dos posibilidades:

  1. Tiene un sistema extraordinariamente efectivo.

  2. La gente dejó de reportar.

Y estadísticamente la segunda suele ser mucho más frecuente que la primera.

Cuando el miedo reemplaza al aprendizaje

Uno de los efectos más dañinos de la obsesión por el cero es que transforma el reporte en una amenaza.

El trabajador comienza a preguntarse:

  • ¿Me van a culpar?

  • ¿Voy a perder un bono?

  • ¿Van a castigar a mi supervisor?

  • ¿Voy a perjudicar al departamento?

Entonces guarda silencio.

Y cada evento no reportado elimina una oportunidad de aprendizaje.

La organización cree que está ganando porque mantiene el indicador intacto.

En realidad está perdiendo información crítica sobre sus riesgos reales.

Es como conducir un vehículo desconectando las luces del tablero para no ver las fallas del motor.

El problema no desaparece.

Simplemente deja de verse.

Accountability no es tener números bonitos

Existe una enorme diferencia entre responsabilidad y accountability.

La responsabilidad puede limitarse a cumplir un procedimiento.

La accountability implica hacerse cargo de la realidad, incluso cuando resulta incómoda.

Un líder con verdadera accountability entiende que:

  • Un indicador perfecto no garantiza una operación segura.

  • Un reporte negativo puede ser una señal positiva de transparencia.

  • Un aumento en los incidentes reportados puede reflejar una mejora cultural.

  • Ocultar información siempre genera un costo futuro.

Los líderes más efectivos no celebran únicamente los meses sin accidentes.

Celebran también los reportes honestos.

Celebran los hallazgos difíciles.

Celebran a quienes se atreven a levantar la mano cuando algo está mal.

El error de medir solamente resultados

Durante décadas la seguridad se evaluó principalmente mediante indicadores reactivos:

  • Tasa de frecuencia.

  • Tasa de severidad.

  • Accidentes registrables.

  • Días perdidos.

  • Casos incapacitantes.

El problema es que todos estos indicadores miden consecuencias.

No miden control.

No miden exposición.

No miden aprendizaje.

No miden cultura.

Por eso las organizaciones más avanzadas han comenzado a incorporar indicadores proactivos:

  • Reportes de cuasi accidentes.

  • Observaciones conductuales.

  • Cierre de acciones correctivas.

  • Calidad de investigaciones.

  • Participación de liderazgo en campo.

  • Percepción de cultura de seguridad.

  • Identificación temprana de riesgos.

Porque la verdadera prevención ocurre antes del accidente.

No después.

La prevención no vive en Excel

Los accidentes no ocurren en una hoja de cálculo.

Ocurren en líneas de producción.

En almacenes.

En obras de construcción.

En carreteras.

En plantas industriales.

En tareas repetitivas.

En jornadas extendidas.

En decisiones operativas tomadas bajo presión.

Por eso la prevención tampoco vive en Excel.

La prevención vive en las conversaciones que se tienen en campo.

En los riesgos que se corrigen.

En los trabajadores que se sienten seguros para hablar.

En los supervisores que prefieren escuchar antes que culpar.

Y en los líderes que están dispuestos a ver la realidad completa, incluso cuando afecta sus indicadores.

La pregunta que realmente importa

Antes de celebrar otro mes con cero accidentes, vale la pena hacerse una pregunta incómoda:

Si mañana desaparecieran todos los indicadores y todos los bonos relacionados con ellos, ¿seguiríamos viendo exactamente los mismos resultados?

Si la respuesta es sí, probablemente existe una cultura sólida.

Si la respuesta es no, quizá el problema nunca fue la seguridad.

Quizá el problema fue que aprendimos a gestionar el indicador en lugar de gestionar el riesgo.

Porque al final, la seguridad no se mide por lo que aparece en un tablero.

Se mide por la capacidad de una organización para enfrentar la verdad cuando la verdad resulta incómoda.